28 octubre 2015

¿Qué ha pasado? ¿Qué pasa con el comercio local? ¿Por qué no apoyamos a nuestros vecinos, a las pequeñas empresas, a tirar para adelante? Cada día tenemos que observar como en nuestros pueblos y ciudades tiene que cerrar una tienda tradicional por falta de ventas, por altos alquileres o por competencia desleal. Impasibles, nos limitamos a lamentarnos con un "¡qué lástima, llevaba muchos años ahí!" pero es probable que hayamos participado en su cierre. 

Aquel día que fuiste de barbacoa y compraste la carne, las bebidas, y todo lo necesario en el supermercado porque lo tenías todo a mano. 
Aquel día que por no andar cien metros más, compraste el pan congelado en un chino debajo de tu casa. 
Aquel día que llevastes a tu familia a una cadena de comida rápida porque no querías ir al 'burguer' de tu barrio.
Aquel día que compraste el material escolar de tus hijos en un bazar chino por no esperar cola en la pequeña papelería a la que siempre ibas. 
Aquel día que decidiste comprar por internet los detalles para los invitados de tu boda y no en una pequeña tienda de artesanía.
Aquel día que fuistes a echar unas cervezas en una franquicia de bares porque la cerveza estaba 37 céntimos más barata.
Aquel día en el que compraste el vestido de comunión de tu hija en una cadena de grandes almacenes en vez de ir a la modista de confianza. 
Aquel  día que, al salir de la discoteca, preferiste comerte un kebab en un turco que entrar a la pequeña tienda de bocadillos que abría todos los fines de semana de madrugada. 

Aquel día murió el comercio local, cerro una pequeña tienda de barrio y una familia entera se quedó sin fuente de ingresos. 

Es cierto que este mundo moderno en el que nos encontramos sumidos, este ritmo frenético de vida que llevamos, la excesiva consciencia sobre el tiempo y el estrés que conlleva nos hace actuar de esa forma en nuestros hábitos diarios. Comer poco, mal y rápido; comprar mucho, mal y aún más rápido. Familias sin tiempo siquiera de cuidar a sus hijos o de hacer las tareas de casa, prefieren comprarlo todo en un mismo sitio. 

Pero no debe bastar con excusarse o lamentarse, debemos hacer hacer examen de conciencia y convencer a nuestros allegados, huir en la medida de lo posible de este sistema consumista que sólo ve a los ciudadanos como meros compradores  y productores de más dinero.


Por ello, desde la Asociación Málaga 1487 hemos iniciado una campaña de apoyo al pequeño comercio local.
Comenzamos el pasado sábado 24 de octubre en el barrio de la Victoria, entrengando en mano a los comerciantes los carteles realizados y conociendo sus principales problemas. A pesar de las inclemencias meteorológicas, realizamos una batida por las principales calles del barrio pero con la idea de volver a rematar con todas las tiendas.
La acogida fue brutal, los comerciantes se mostraban orgullosos de que un grupo de malagueños señalara las principales razones para comprar en el pequeño comercio y concienciar así a todos los vecinos.  


Cada semana trazaremos las calles de los barrios malagueños entregando esta campaña a los vecinos y comerciantes. El desarrollo de los pequeños comercios es sinónimo de reactivación de la economía. Comprándoles generamos riqueza y creamos puestos de trabajo entre los nuestros. Parece mentira que no nos demos cuenta. Compremos a nuestros vecinos. Luchemos por la búsqueda de alternativas.

12 octubre 2015


Amanece un día más, los rayos de luz ya no alumbran lo que debieran, quizás porque no existe tiempo para ser contemplados, quizás el pueblo perdió esa intuición por lo bello, o se la han robado a base de esclavitud disfrazada de libertad.

Nuestro mar, con su tímido oleaje que invita a la perdición temporal, ya no es sentido. O no quieren que así sea. El viento, omnipresente, avisa o quiere ser avisado, pues ya nadie lo percibe, ni quiere ser acariciado. Lluvia, aquel respiro de vida que arraiga en la tierra que  hoy es quemada, cementada, destruida busca ser escuchada. La noche ya no es custodia ni reflexión, sino descontrol. A su vez, los amigos de Félix que tanto añoran su ida, presienten que ya no son vitales para el ser.

¿Qué momento queda para regocijarse, en silencio, de nuestra tierra?

Amanece, y es el día de nuestra milenaria nación. Unos quizás no lo sepan, otros aprovecharán para hacer campaña, algunos exaltaran su ira a base de falacias y los de más allá pretenden hacernos comprender que son diferentes al resto.

Televisiones a pleno rendimiento retransmitiendo desfiles de uniformados, cuya institución es respetada por su historia y no por la función que hoy desempeña, jugando a ser héroes o intentando parecerse a sus antecesores. Vendidos a leyes y marionetas de las altas esferas, sin honor. Artificial, como todo en el día de hoy.

Pero no todo está escrito en un guión esta mañana, hay luz en la oscuridad en la que nos encontramos. En este territorio durmiente, aún existen personas que entienden que la Patria no tiene día concreto ni se ensalza en actos meramente simbólicos.

El sistema, irrebatible culpable de la erradicación de toda mística humana, terrenal, espiritual y principal precursor del olvido de nuestra historia, no ha podido hacer desaparecer lo que nuestra sangre hirviente hace brotar. Ese sentimiento de pertenencia a un lugar concreto, aquella satisfacción que invade tu alma al sentarte en el pico de una montaña y observar todo lo que te rodea. Una bocanada de aire fresco para todo aquello que hoy está enterrado en cenizas, pero nunca muerto.

No hay política que haga desaparecer lo que nuestro corazón siente, ni mucho menos lo que la razón dicta.

Porque patria es el pobre que es olvidado por quienes gobiernan y a su vez es ayudado por el pueblo sin fin lucrativo ni ayuda estatal, patria es el que trabaja día y noche para sacar a su familia adelante, patria es el que recita poesía para enamorar y aquella que con ello se enamora, patria es lo tradicional, las costumbres y nuestros valores, patria es defender lo añejo y no sacrificarlo por lo nuevo, patria no es un voto, ni mucho menos una ley.

Entendemos pues que, a día de hoy, la Hispanidad debería de ser el culmen de una lucha cotidiana por la defensa en diferentes ámbitos de la misma. Lo artificial nace para imitar a lo natural, lo verdadero, lo que escasea.

Nacimos para morir, qué mejor que desaparecer de la vida abrazados a un ideal superior, caminar por el sendero de tantos patriotas ilustres, a su vez olvidados. Como lo seremos nosotros.

Como dijo León Degrelle: ¡Qué importa sufrir si hemos vivido en nuestra vida algunas horas inmortales!

"No hay mortales yugos que puedan anular el magno espíritu de nuestro reino.".

¡Gloria a España!